Rubia y hierro: terracotas que no se olvidan
Las raíces de rubia, bien secas y troceadas, liberan lacas rojizas que, con hierro moderado, se vuelven tejas antiguas sobre lana y lino. Bañadas luego en aguas ligeramente calcáreas, fijan recuerdos cálidos. Los excedentes colorean arcillas, logrando engobes que armonizan tejidos y vajillas en una misma mesa.